CUANDO TU ERES EL TRANCON



Era martes en la mañana, el día pintaba radiante y el poder escuchar el canto de los pájaros y se sentir el aroma de las plantas, pronosticaba un excelente y fantástico día. En mi ciudad por  el crecimiento del parque automotor han adoptado la conocida y no tan querida estrategia del pico y placa, y a mi compañera de viaje no le caía muy bien este día.
Resulta que los martes debía usar el carro de su esposo, era un automóvil Chevrolet Aveo blanco de buen porte, pero que por efectos del paso de los años, ya comenzaba a tener algunas dolencias, por ejemplo su voz se silenció y el radio del auto servía sólo de decoración, las llantas estaban un poco gastadas y a veces sentía como ganas de surfear en el asfalto, el aire acondicionado no tenía su  misma potencia, pero alcanzaba para refrescar a los pasajeros, nadie iba a morir de congelación por el frio del aire, pero aguantaba para lo mínimo.
Pero lo que sí era extraño era el intenso grito o alarido que producía el carro cuando se metía el pedal del clutch, parecía que las ánimas del purgatorio se encargarán de armonizar cada cambio de marcha en el carro, por apuesto mi querida amiga sudaba y quería que la tierra se abriera ante tal espectaculo en la vía pública. Por supuesto le aconsejé que sería prudente revisarlo con un mecanico, pero me comento algunas dificultades logísticas al respecto y proseguimos nuestro camino hacia la oficina. Cabe anotar que los gemidos del carro eran tan aterradores que los hijos de mi amiga preferían tirarse con el carro en movimiento, antes de dejarse ver por algún conocido al llegar al colegio.

A la semana siguiente, precisamente el martes, estaba yo a la expectativa de como había seguido nuestro querido amigo el carro, mi amiga me recogió y dimos inicio a nuestra esperada aventura hacia nuestro lugar de trabajo, no podíamos imaginar que el verdadero trabajo lo encontraríamos en el camino. A sólo unas cuadras de recorrido, el chillido fue evolucionando y mi amiga comento que el meter el cambio estaba un poco duro y que se estaba como apagando, sí empecé a sentir un poco enfermo a nuestro querido Aveo en esta mañana, y en uno de los semáforos más estresantes de la hora pico nuestro querido amigo decidió dejarse caer rendido, el bendito auto se apagó y por supuesto toco aguantar la lluvia de pitos y expresiones de ánimo de los demás conductores que muy alegres nos animaban a que moviéramos el culito.
Con ayuda de la policía local y el agente de tránsito logramos movernos de este terrible y difícil semáforo, pero por efecto del stress y del ruido ambiental, mi amiga no logró pasar la calle, por lo que quedamos a un lado del bendito semáforo.... Había dos opciones o dejábamos tirado nuestro dolor de cabeza o lo llevábamos hasta la casa de un familiar, nos decidimos por la segunda opción pero la única forma era dar vuelta a la manzana y volver a pasar frente a todo el equipo de policías y guardas de tránsito que nos habían ayudado a empujar el tiesto.
Milagrosamente el aparatejo este volvió a la vida y nos aventuramos a producir un verdadero deja vu a los guardas de la ley , a medida que nos acercábamos al semáforo el carro vibraba, corrijo temblaba más y más, la estrategia era ir con el cambio en primera y no dejarlo apagar por nada del mundo, logramos pasar el semáforo, creo que alcance a rezar un Padre Nuestro en pocos segundos y aún a velocidad máxima de 10 o 15 km por hora continúamos el recorrido, como íbamos en primera el carro sonaba con turbo reactor, las puertas y ventanas vibraban más de la cuenta y recibíamos más gritos de apoyo de los conductores que pasaban a nuestro lado, espero que nuestras madres estuvieran descansando en sus casas con los oídos bien tapados.... Logramos llegar hasta otro semáforo, con esta velocidad tan espantosa que llevábamos fue una eternidad de viaje, me sentía como reina de belleza en desfile de carrozas o como carguero de estación en procesión de Semana Santa, sobre todo porque empezó a oler a humo ....

A pesar de nuestra mente positiva, el auto nuevamente se apagó y en esta ocasión la desesperación se apoderó de ambos, después de mucho intentar el bendito cacharro prendió de nuevo , pero en esta ocasión decidió quedarse en neutro como símbolo de rebeldía total, decidimos tomar medidas radicales y mientras mi amiga conducía y metía el pedal del clutch a fondo, el carro gemia, los carros alrededor pitaban, los conductores nos animaban con sus rimas y porras, yo cogí la palanca de cambios y con mis dos manos metí el cambio de primera , en ese momento algo sono o se safó o se desprendió o lo que sea, pero logramos comenzar a avanzar, mi amiga le metía chancleta al acelerador, yo no podía dejar de empujar la palanca de cambios y en el celular sonaba la canción de moda "Suavecito" o “Despacito” o como sea. Realmente creo que parecíamos el vehículo de los Locos Adams, pues entre gruñidos , gemidos , pistones y balineras, caucho quemado , engranajes al límite , humo , pitos , sudor y madrazos, a una velocidad crucero de 15 a 20 Km por hora , logramos llegar al parqueadero de la unidad de la madre de mi amiga, abandonamos el bendito tiesto y huimos de la escena del crimen.... Creo que el auto fue llevado a su respectivo servicio de salud donde están haciendo una especie de operación a corazón abierto, esperamos que las hábiles manos del mecánico logren salvar este pobre diablo de tanto sufrimiento y agonía, mientras tanto nosotros estamos buscando apoyo psicológico o terapia de grupo para recibir con los brazos abiertos el próximo martes de pico y placa.

MORFEO

Comentarios

Entradas populares de este blog

INTRODUCCION A LOS RELATOS DE MORFEO